Aprendiendo de los Puritanos

“Si queremos beneficiarnos de estudiar la enseñanza puritana en este o cualquier otro tema, nuestro enfoque debe ser el correcto. Porque es demasiado fácil para los admiradores de los puritanos estudiar su trabajo de una manera que los puritanos mismos serían los primeros en condenar. Por lo tanto, podemos tener una actitud equivocada hacia estos hombres; podemos venerarlos como autoridades infalibles. Pero ellos nos aterrorizarían por un lapso tan grave en lo que considerarían papismo e idolatría. Nos recordarían que no eran más que siervos y expositores de la Palabra escrita de Dios, y nos mandarían a nunca considerar sus escritos como algo más que una ayuda y guía para comprender esa Palabra. Nos asegurarían además que, dado que todos los hombres, incluso los puritanos, pueden equivocarse, siempre debemos probar sus enseñanzas con el mayor rigor a la luz de esa misma Palabra que ellos intentaron exponer. De lo contrario, podemos hacer una aplicación incorrecta de sus enseñanzas. Podríamos repetir su lenguaje y simular sus modales, e imaginar que así nos colocamos en la verdadera tradición puritana, pero los puritanos nos dirían que eso es precisamente lo que no hacemos, si actuásemos así. Ellos intentaron aplicar las verdades eternas de la Escritura a las circunstancias particulares -moral, social, política, eclesiástica, y demás- de su propio tiempo.”

“Si queremos mantenemos en la verdadera tradición puritana, debemos tratar de aplicar esas mismas verdades a las circunstancias alteradas de nuestros días. La naturaleza humana no cambia, pero los tiempos sí; por lo tanto, aunque la aplicación de la verdad divina a la vida humana siempre será la misma en principio, los detalles van a variar de una época a otra. Contentarnos con imitar a los puritanos equivaldría a tener un retiro mental del siglo XXI, donde Dios nos ha establecido para vivir, hasta el siglo XVII, donde no lo ha hecho. Esto es tan poco espiritual como poco realista. El Espíritu Santo es preeminentemente realista, y se le ha dado a enseñar a los cristianos cómo vivir para Dios en la situación en que se encuentran, no en la que otros santos alguna vez estuvieron. Afligimos al Espíritu cuando nos permitimos vivir en el pasado. Y tal actitud mental es teológicamente culpable, pues demuestra que hemos eludido una etapa esencial en nuestro pensamiento sobre la verdad de Dios: la de desarrollar su aplicación en nosotros mismos. La aplicación nunca debe ser tomada de segunda mano y lista para usarse…la aplicación puede ser similar en detalle de una generación a otra, pero no debemos suponer de antemano que será así. Por lo tanto, nuestro objetivo al estudiar a los puritanos debe ser aprender, al verlos aplicar la Palabra a sí mismos en su contexto, cómo debemos aplicarla a nosotros mismos en el nuestro.”

“Este punto es crucial para nosotros que creemos que el evangelicalismo moderno necesita corrección y enriquecimiento de un tipo que la tradición evangélica más antigua puede proporcionar. Parece que el evangelicalismo moderno es culpable de este error de vivir en el pasado, en este caso, a fines del siglo XIX (1850-1900) (donde hubo avivamientos y movimientos carismáticos). Con demasiada frecuencia nos contentamos hoy con tratar de llevarnos bien repitiendo la escasa doctrina y las ideas a veces cuestionables sobre su aplicación ética, eclesiástica y evangelística que fueron características de ese período decadente en la historia evangélica. Pero la respuesta a esta pregunta no es que debemos retirarnos aún más y comenzar a vivir, ya no en el siglo XIX, sino en el siglo XVII. Tal cura sería, en muchos sentidos, peor que la enfermedad. Ciertamente, necesitamos retroceder detrás del siglo XIX y reabrir las minas más ricas de la antigua enseñanza evangélica; pero luego debemos esforzarnos por avanzar más allá de la mentalidad del siglo XIX hacia una apreciación genuina de nuestra situación en el siglo XXI, para que podamos hacer una aplicación genuinamente contemporánea del evangelio eterno.”

Extracto del libro “A Quest for Godliness: The Puritan Vision of the Christian Life” J. I. Packer Traducción y adaptación por Daniel David Pollorena


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